La estrategia está clara: el desafío es llevarla a la práctica.

Definir hacia dónde ir es solo una parte. Conseguir que esa dirección se traduzca en decisiones, capacidades y nuevas formas de hacer requiere mirar qué está ocurriendo en la organización.

Lo que ocurre después de definir la estrategia también importa.

Una estrategia puede ser clara y aun así encontrar dificultades para hacerse parte de la organización.

Porque llevarla a la práctica no depende solo de comunicarla o definir acciones. También supone que existan criterios compartidos, personas capaces de actuar en esa dirección y condiciones que permitan incorporar lo nuevo a la forma cotidiana de trabajar.

Antes de preguntarnos qué hacer, necesitamos entender dónde se está abriendo la distancia.

La brecha puede aparecer en lugares distintos.

Estas son algunas señales que pueden ayudar a reconocer con más precisión dónde se está produciendo la dificultad.

Reconocer estas señales no significa asumir la causa. Ayuda a hacer mejores preguntas sobre dónde mirar.

La dirección existe, pero no termina de ordenar las decisiones.

Las personas pueden conocer la estrategia sin tener suficiente claridad sobre qué priorizar o qué significa para su trabajo cotidiano.

Los liderazgos no siempre la traducen de la misma manera.

Cuando existen criterios diferentes sobre qué priorizar o cómo actuar, la dirección común puede fragmentarse al bajar a equipos y decisiones.

Entender lo que se espera no siempre significa poder hacerlo.

Una nueva dirección puede requerir conocimientos, habilidades, herramientas o apoyos que todavía necesitan desarrollarse.

Las formas actuales de trabajar siguen teniendo más fuerza que lo nuevo.

Prácticas, dinámicas y maneras de coordinarse ya instaladas pueden dificultar que una nueva dirección encuentre espacio en el día a día.

Hay iniciativas en marcha, pero cuesta que se conviertan en una nueva forma de hacer.

Poner iniciativas en marcha no siempre alcanza para que las nuevas prácticas encuentren un lugar estable en el funcionamiento cotidiano.

Cerrar la brecha no siempre significa trabajar sobre lo mismo.

Lo que conviene movilizar depende de dónde esté la dificultad y de la dirección que la organización necesita convertir en práctica.

Si la estrategia necesita traducirse en comportamientos y formas de trabajar compartidas

Puede ser necesario mirar la cultura organizacional y las prácticas que hoy refuerzan, o dificultan, esa dirección.

Si lo que necesita llevarse a la práctica es una estrategia o compromiso de sostenibilidad

Puede ser necesario trabajar desde sostenibilidad para traducir esa dirección en compromisos, capacidades y formas concretas de actuar.

Si quienes conducen necesitan transformar una dirección común en decisiones y acción

El liderazgo puede ser clave para construir criterios, desarrollar capacidades y movilizar a los equipos.

Si la dirección requiere encontrar o instalar nuevas maneras de responder

La innovación puede ayudar a desarrollar capacidades y formas de trabajo coherentes con lo que la organización busca lograr.

Estas dimensiones pueden cruzarse. El punto de partida no es elegir un área, sino entender qué está haciendo difícil avanzar.

Lo que se interpone entre la estrategia y la práctica no se ve igual en todas las organizaciones.

Conoce algunos de los desafíos que hemos acompañado y lo que ayudamos a hacer posible.

Entender qué está frenando el avance es un buen lugar para empezar.

Hablemos de lo que está pasando en tu organización y veamos dónde conviene poner el foco.